sábado, 25 de octubre de 2008

Tarde de tanatorio

Se ha muerto el marido de una amiga de mi madre, la semana pasada ya me había dicho mi madre que estaba bien jodido... Cierto es que ni a ella ni a su marido los había visto en los últimos, mmmmm, no sé ¿20 años? ¿Más? Pero bueno, mi madre ha dicho que tenía que estar y allí he estado, 40 o 50 minutos, pero he estado. 

En serio, por mucho que me queje de la gente viva, el colectivo muerto me gusta aún menos. No soy de los de, "está en un lugar mejor" o "está descansando", me refiero que yo soy más del tipo, "no somos nada (y muertos aún menos, añadiría si tuviese cojones)". 

Así que he llegado al tanatorio, y ya me estaba acercando a la sala donde reposaba el muerto cuando he visto un trillón de personas en el pasillo, por un momento he pensado "Pero bueno!! Cuanta gente!!", pero no, mi muerto estaba en la sala siguiente donde había cuatro gatos. Vaya... Supongo que al muerto le dará un poco igual que en su estancia en el tanatorio le visite más o menos gente. Pero sin duda un velatorio con mucha gente pierde el toque fúnebre-tétrico, en favor de un ambiente más cercano a la verbena de pueblo. Pena, me gustaba más la verbena.

Finalmente he dado un pésame que la verdad no ha debido sonar muy convincente, con la viuda mirándome fíjamente a los ojos (que manía con mirar a los ojos tiene últimamente la gente), y poco más... Mierda, yo no quiero que se me muera nadie, morir es mucho peor que estar vivo, tanto para los que se mueren como para los que se quedan.  


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