miércoles, 12 de noviembre de 2008

Joder, joder, joder

Me había jurado a mi mismo que no quería volver a impartir un curso... Pero estos son tiempos difíciles y turbios, el dinero por lo ya hecho está por ahí flotando y mi libreta de Caja Madrid empieza a sufrir, empieza a mirarme de esa manera que sólo saben las libretas de Caja Madrid y los perros maltratados.

Quiero dinero, necesito dinero y voy a conseguir dinero, así que voy a tener que dar el puto curso, y voy a tener que volver a tratar con gente en el mundo real, lejos de mi bonita casa de tonos anaranjados y reconfortantes con luz natural desde que sale el Sol.

Y me llamarán traidor, pero coño, si necesito la pasta, necesito pasta, la necesito. Y me viene bien hablar de corrido 3 horas diarias, yo que normalmente estoy con la boca cerrada, viendo como hablan los demás de cosas que la verdad no me interesan, me viene bien soltar lengua.

Pero odio dar clases, lo odio profundamente, lo odio porque tengo que dársela a gente que lleva todo el día currando y llega allí sin ganas de nada porque les obliga su empresa, lo odio porque me creo a mis propios competidores, lo odio porque tiendo a entregarme totalmente y luego los alumnos siempre piden más, lo odio porque con esta gran hablidad social que tengo soy incapaz de aprovechar los contactos que hago con los alumnos, lo odio porque siempre hay un alumno rezagado que no se entera de nada y que tampoco pone de su parte... Y ESO QUE DOY CLASE A GENTE CON MÁS DE 30 PALOTES!!!! Y siempre es igual...

Recuerdo un curso que di que fue gracioso, era verano y los alumnos solían faltar, así que,  aprovechando que la recepcionista no estaba los viernes, acordé con los propios alumnos que hicieramos puente.. Total!! Ellos no querían recibir la clase y yo me quería ir a la playa. Eso estuvo bien, ojalá siempre diera cursos sin alumnos.


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